Bio

Empecé a pasar música a los 15 años en Buenos Aires, cuando todavía no me daba la edad para entrar a muchos de los lugares donde hoy toco. Aprendí en fiestas de amigos y en cumpleaños, probando y equivocándome delante de gente que solo quería bailar. Ahí entendí la única regla que me importa hasta hoy: que la pista no se vacíe.
Con los años la cabina me quedó chica. Empecé a producir eventos y descubrí lo mucho que pasa antes de que suene el primer tema: conseguir el lugar, armar el sonido, pensar las luces, juntar a la gente correcta y elegir el momento exacto para subir la energía. Esto me cambió la forma de pasar música. Dejé de pensar en temas sueltos y empecé a pensar en la noche entera, de principio a fin.
De esa mezcla entre DJ y productor salió mi manera de trabajar. Nadie me dio un manual, así que me fui inventando sobre la marcha, fecha por fecha, hasta encontrar un sonido propio. Pasé por las cabinas de Magna, Creta, Moscú, Moby Dick y North Champ, y de cada una me llevé algo que todavía uso.
Hoy me muevo entre el tech house, el UK house y el disco house, con grooves que tienen peso y un brillo que viene de la música disco. En eventos privados leo a la gente antes que al reloj, y si la noche pide cachengue o pop, voy con cachengue o pop. Al final manda la pista.
Lo que viene es llevar al estudio todo lo que aprendí en la cabina y detrás de los eventos. Mientras tanto sigo haciendo lo mismo que a los 15, con más oficio y las mismas ganas: que nadie se quiera ir.
